LOCUTORES Y LOCUTORAS
RESUMEN:
La voz es el instrumento de trabajo de los locutores y a
través de ella muchos consiguen crear una magia ambiental. Si tenemos una bella
voz por naturaleza partimos con una ventaja (no es posible obtenerla mediante
cirugía plástica!) pero una voz bonita no es tan sólo aquélla grave y
aterciopelada; necesitamos también de una buena dicción, articulación e
interpretación de todo cuanto hablemos al micrófono.
PALABRAS CLAVES: locutor / voz / dicción / nervios / timidez
/ escuchar / naturalidad / originalidad/claridad.
Locutor, locutora. Los que se ganan la vida hablando por los
micrófonos. Los que disponen de una tribuna como nunca soñó Demóstenes ni Cicerón.
Las que cada día tienen miles de orejas pendientes de sus labios. Los locos
maravillosos y exasperantes que habitan en las cabinas desordenadas de nuestras
radios.
No existen voces de locutor. En la radio —como en la vida—
hay sitio para todos los registros y todas las formas de hablar. En una radio
democrática todas las voces son bienvenidas. El asunto es ver cuál se acomoda
mejor a uno u otro programa. Una voz aniñada, que puede ser muy útil para
actuar en una novela, no pega para leer el editorial. Una voz muy gruesa no
sonará bien conduciendo el espacio juvenil. Y esta cuña sensual no la
grabaremos con aquella voz de suegra destemplada. Cada pájaro en su rama y cada
voz en su formato. En nuestros micrófonos, más que estrellas admirables,
necesitamos amigos y amigas queribles. Lo que decide el favor del público es un
buen cerebro, una mejor palabra y un óptimo corazón.
Quien tenga linda voz, que la aproveche. Pero no llegará a
ser locutor por ella, sino por su personalidad, por su energía interior. En el
buen cine, terminó la era de los galanes edulcorados y las chicas preciosas. Y
en la radio actual, ya no cuenta tanto la voz como la simpatía del locutor.
El miedo a hablar en público, o también llamado miedo
escénico, es algo natural que nos sucede absolutamente a todas las personas. No
hay nadie que no sienta pavor al tener que emitir un discurso en una sala de
actos (dígase auditorio, sala de conferencias, etc.) llena de público.
Bien y ahora vamos por los dichosos nervios. Antes de
empezar la charla hay que respirar profundamente y recordar que la audiencia
está allí presente por dos motivos que siempre ayudan: desea o tiene el interés
por escucharnos (no son profesores examinadores que nos van a poner nota).
Hemos de centrarnos en el objetivo de nuestra presencia, tomar seguridad y
hablar con tranquilidad. Si en un momento nos equivocamos o titubeamos, no pasa
absolutamente nada, seguimos tranquilamente. Errar es humano y eso lo sabe todo
el mundo. Precisamente somos nosotros mismos los que nos ponemos el listón muy
alto. Evidentemente si conseguimos que nuestra elocución sea clara y amena ya
hemos triunfado! La seguridad y la confianza en nosotros mismo nos ayuda a
conseguirlo.
Antes de entrar en cabina, es bueno respirar a fondo dos o
tres veces. Relájese. Experimente cómo el aire fresco ventila hasta el último
rincón de su cuerpo, desde la coronilla hasta el dedo gordo del pie. Ahora sí,
colóquese bien frente al micrófono, sin encogerse ni doblarse. Acerque la
silla, levante el pecho, descanse las manos sobre la mesa. Afloje cinturones o
sostenes apretados. Siéntese y siéntase cómodo antes de hablar. De ese modo,
administrará mejor su reserva de aire para poder colocar la voz, para terminar
con buen volumen cada frase.
Locutor o locutora no es quien habla, sino quien logra el
contacto, quien establece la comunicación con el otro, quien se hace escuchar.
Una palabra al viento, una señal de sonido sin nadie que la reciba, equivale al
silencio. Peor aún, al ruido. Nos hemos acostumbrado a decir que la radio es un
medio masivo. ¿Por qué, en qué sentido masivo? Porque se dirige a muchos, a
miles de oyentes se les ofrece el mismo
programa. De acuerdo, la emisión es masiva.
Pero el consumo no lo es. Cuando hablas por radio, no te estás
dirigiendo a una multitud, ni siquiera a un grupo. Te diriges a Luis. A Luisa.
A una persona. A un amigo desconocido de
plena confianza. A una amiga que desde algún lugar remoto te está escuchando a
ti. La radio se ha vuelto diálogo, charla privada a la luz pública. No es discurso
ante un auditorio ni declamación ante palcos repletos. En radio, conversar es
el arte.
La naturalidad es indispensable, naturalidad, sí. Pero
entrenada. La espontaneidad no garantiza la amenidad del locutor ni la
captación del interés del público. Seamos realistas: siempre es más fácil
aburrir que entretener, hay más insulsos que salerosos en el planeta. No hay
que darle tregua a la rutina. Ella es la enemiga principal de la locución. La
gente prende la radio para conjurar el
cansancio de su vida. Para divertirse, para pasarla bien y levantar el ánimo.
Tampoco queremos que nos hablen de problemas y cosas amargas. Y no es por
egoísmo. El asunto es que ya cargamos demasiados problemas propios para que,
encima, nos salga uno más por radio. Lo único que el público no aguanta es un locutor desganado.
Cuando entres a cabina, deja atrás todas tus preocupaciones.
Entra contento. Si estás
de mal genio, ponte a buenas contigo mismo. Si no logras aquietar la sangre,
mejor no locutes. ¿Para qué? Tus sentimientos, a través de un hilo invisible,
se transmitirán a los radioescuchas.Si estás triste, tu público se
entristecerá; si alegre, se alegrará; si estás frío, enfriarás a quienes te
oyen. Deja afuera, engavetados, tus problemas personales. Y entra a hablar o a
grabar como si acabaras de ganar la lotería. Eso es profesionalismo.
Lo fundamental para una buena modulación es la convicción:
creer en lo que se dice y querer decirlo a alguien. Convicción del espíritu y
gesticulación del cuerpo. Al locutor de oficio se le reconoce enseguida por sus
gestos, por las muecas de su cara, el brillo de sus ojos, la posición dinámica
con que se coloca ante el micrófono. Porque la convicción interior nos hace
mover los brazos, enarcar las cejas, alzar el dedo que acusa y cerrar el puño
que afirma. Y a su vez, la gesticulación exterior va produciendo en nosotros
una actitud más convencida y, por ello, más convincente.
REFERENCIAS:
AZIMOV Isaac, El
Universo. Alianza Editorial, Madrid, 1973, pág. 11
HILLS ,George, Los
informativos en radiotelevisión. RTVE, Madrid, 1981, pág, 18.
ENLACES:
http://www.elesquiu.com/notas/2011/2/22/entrevistas-190771.asp
http://www.radiocubana.cu/index.php/articulos-especializados-sobre-la-radio/41-locucion/1948-el-arte-de-hablar-por-radio-y-television
http://www.foro3k.com/radio-foro3k-com/128435-tips-el-locutor-conductor.html
AUDIO:
http://www.youtube.com/watch?v=SZwvWyEF7vQ&feature=youtu.be
VIDEOS:


No hay comentarios:
Publicar un comentario